Primeros pasos veraniegos

Primeros pasos veraniegos

Ya está aquí el verano y nos sobra ropa: abrigo fuera, manga corta y cambio de botas por mis chancletas de dedo, esas que a cada paso parece que se van a salir disparadas y que se separan y chocan constantemente con mis talones.

Al principio soy consciente de ello, pero poco a poco y a medida que el automatismo del gesto se va haciendo cargo de la situación, parece como si ya no pasara nada, esa desconfianza e inestabilidad producida por los primeros chancleteos veraniegos van dando “paso” a un aparente control en mi forma de andar. Simplemente mi cabeza deja de ser consciente de la situación, ya que a falta de una molestia muy evidente  pasamos rápidamente a ocuparnos de otras cosas que consideremos más relevantes.

Pero ojo, nuestro sistema propioceptivo, esa parte importante de nuestro Sistema Nervioso formado por  terminaciones sensoriales situadas en músculos, tendones y aponeurosis, así como la cápsula articular y sus ligamentos, que recogen la información sobre nuestra posición y movimiento corporal y que rápidamente responde y se adapta por ejemplo, a posibles desequilibrios al pisar, controlar un resbalón frenando el pie a tiempo para evitar una caída, enganchar con los dedos la chancla o elevar en exceso la punta del pie para evitar que salga disparada sin control…

Todos estas situaciones van originando un estrés sobre nuestra musculatura y resto de estructuras del pie (afectando de ahí para arriba al resto del cuerpo), que si bien más avanzado el verano podríamos decir que ya ha superado ese entrenamiento inicial y quizá no corramos entonces tanto riesgo de sufrir molestias, pero que en los primeros días o quizá semanas sí puede producir una sobrecarga de estímulos tal a nivel del pie, que acabe provocando dolor o incluso lesión real.

Es bastante significativo el aumento de consultas por este tipo de dolencias que recibimos en nuestro centro durante el periodo estival.

El tipo de consultas puede ser muy variado, incluso que el dolor esté en las rodillas, zona lumbar o alguna otra parte, pero al final la causa suele ser esa falta de adaptación a un calzado inestable y que “protege” poco al pie.

Como veis no culpo al calzado en sí (ese sería otro tema a tratar), sino a la falta de adaptación del individuo que pasa de un calzado estable (poca fatiga muscular) a uno inestable que hace trabajar a un sistema propioceptivo que hasta entonces estaba acomodado y que en función de cómo afronte esa desprotección del pie podrá quejarse más o menos traduciendo o no un dolor o lesión final.

Lógicamente no os voy a decir que sigáis con vuestras botas en verano para no lesionaros, pero sí quizá exponeros gradualmente al uso de calzado de verano en tiempos cortos al principio e ir aumentando poco a poco para adaptaros y a ser posible ,usar uno que os ofrezcan el máximo de confort y sujeción al pie.

¡Feliz verano a tod@s!

Y recordad… PREVENIR ES CURAR